Museo Bello

 

Más bello y ahora renovado

museo bello puebla

Fotos: Raúl Rodríguez y Secretaría de Cultura

Reabre sus puertas y presume con orgullo la vasta colección que lo convirtió en invaluable memoria cultural y artística de Puebla y el mundo.

Los sismos de 1999 dejaron a su paso afectaciones más que severas para el Museo Bello. El edificio y gran número de los objetos que albergaba quedaron terriblemente dañados. El domo de cristal se desplomó y con él, uno de sus delicados vitrales.

     Tras el siniestro, el recinto tuvo que ser cerrado y evacuado en su totalidad para  dar inicio a las costosas y  minuciosas labores de restauración.

     De aquella destrucción no se aprecia hoy la mínima huella: el museo se muestra totalmente deslumbrante. No sólo se rescató; también se rejuveneció. Ahora, gracias a un nuevo proyecto museográfico y la adecuación arquitectónica y tecnológica del espacio, sus tesoros podrán ser admirados en todo su esplendor.

      Anteriormente la colección se disponía sólo para el deleite visual, pero ahora –con información precisa a la vista-  los visitantes podrán apreciar de lleno la riqueza de las piezas. Emprender un viaje de vuelta al pasado recorriendo sus pasillos y admirando su esplendor; y contagiarse de la pasión de quienes las acopiaron, preservaron y heredaron a la ciudad.

Inversión y colaboración que rinden frutos

museo bello pueblaPara lograr el rescate y renovación del museo, la inversión económica –de cerca de 12 millones de pesos- por parte del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), la Fundación Harp Helú y el gobierno del Estado fue fundamental.

     La aportación estatal fue total en esta última fase. La colaboración y asesoría de instituciones y organismos nacionales e internacionales también jugó un papel importante. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía, Universidad Iberoamericana la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), la Escuela de Louvre y el Museo Breguet de París, el Museo Nacional de Artes Decorativas de Madrid, son tan sólo algunos de los nombres que figuran en la larga lista.

Para quitarse el sombrero

    La labor fue esmeradísima. Sólo posible gracias al trabajo arduo y comprometido de arquitectos, restauradores, diseñadores, historiadores de arte, administradores, abogados y otros especialistas que pasaron días enteros involucrados en este proceso.

            Omar Lezama ­-coordinador del Proyecto de Reapertura- me permitió ser testigo de este invaluable esfuerzo al invitarme a hacer un recorrido por los salones de San Pedro, lugar que albergó los objetos de la colección Bello y González durante el proceso de remodelación del lugar.

        museo bello pueblaImposible no quedar cautivado por los procedimientos casi quirúrgicos empleados por los restauradores, quienes con grandes lentes de aumento y pinceles de cerdas suaves retiraban pacientemente el polvo de las piezas de marfil que sujetaban -literalmente- con pinzas.

        Con hisopos y paños suaves limpiaban y pulían cerraduras, llaves, estribos, cálices, relicarios, candeleros, cazuelas, jarrones y demás elementos de la colección de Metales. Requirieron horas para dejarlos impecables.

        Aquellos con especialidad pictórica, hacían gala de paciencia, precisión y técnica en el retoque de cada cuadro. Todo para lograr tonos específicos, armonías de luz y sombra y la conservación de la intención original de los autores.

          Al conversar con aquellos hombres y mujeres, era evidente la pasión con la que se referían a cada uno de esos objetos. Era simplemente fascinante, y el resultado final lo refleja en cada detalle.

         Terminado el proceso de restauración, las piezas fueron una a una cuidadosamente envueltas y colocadas en cajas diseñadas para su viaje de vuelta al edificio, cuyo mantenimiento y rehabilitación fueron intensivos durante el último año.

El valor detrás de las paredes

El reto fue monumental. Aquella frase que reza  que “cuando algo está bien hecho no se nota y no se ve” aplica perfectamente en este caso. 

            La antigua casona de la 3 y 3 –que originalmente fue construida bajo la arquitectural virreinal, y que luego se convirtió al estilo porfiriano- demandaba de una enorme cantidad de adecuaciones y acciones de remozamiento. La pintura es muy notoria, pero muchos otros detalles fueron acabados con tal refinamiento, que pueden pasar prácticamente desapercibidos.

            Se utilizaron métodos de impermeabilización tradicionales –con base de baba de nopal, alumbre y jabón. Se repararon pisos y cornisas de yeso; los cielos rasos en los techos y los vitrales emplomados.

            Se cuidó que las nuevas lámparas, ductos de aire acondicionado, sistemas de seguridad y el  elevador de reciente instalación, no rompieran con la armonía arquitectónica del lugar.

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Tecnología que no se ve

•          40 cámaras de seguridad, detectores de humo y extintores.

•          Una subestación eléctrica.

•          Equipos de aire acondicionado

•          Un sistema de rieles ocultos para el montaje de los cuadros –para no dañar los muros con exceso de perforaciones.

•          Un sistema de iluminación integral que incluye candiles de la época; luces especiales sobre las obras y un tragaluz integrado en la Pinacoteca.

•          Película contra rayos ultravioleta recubre las vitrinas.

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Recorrerlo es sorprenderse

museo belloPrevio a la inauguración, tuve la oportunidad de volver a visitar el museo. El montaje estaba prácticamente listo. A 65 años de su apertura como museo público, nuevamente el renovado edificio recibía los últimos toques para abrir sus puertas.

             El Salón Rojo –antiguo despacho de Mariano Bello- ya lucía radiante. Las escribanías de maderas embutidas, enchapados de marfil esgrafiado y entintado; el baúl  de madera tallada con chapas de hierro forjado y la tapicería de intenso color que recubre los muros, nos daban la bienvenida.

            En la Sala de Metales, los curadores ubicaban las últimas piezas en las nuevas vitrinas de cristal. En medio del movimiento ocasionado por la premura del tiempo, se respiraba emoción y orgullo.  

            En la Sala de Música, Rafael Guzmán terminaba de montar el imponente órgano tubular del siglo XVIII que, durante meses, le tuvo viviendo entre México y Puebla. Algunas flautas –que enderezó y limpió con tanto esmero- aguardaban sobre una mesa para ser ensambladas siguiendo una concienzuda numeración.

            museo bello pueblaAnte mi mirada de asombro –había visto meses atrás ese instrumento totalmente desarmado- Rafael me permitió subir una escalerilla y asomarme desde arriba mientras tocaba un par de acordes. Las notas introductorias de “Let it be” y el espectacular sonido que salió de las flautas simplemente me estremeció.

            El órgano de casi 300 años de edad que había sufrido deterioros considerables luego de su transportación al ser evacuado el museo, pudo cantar con total contundencia. Luego de la reconstrucción de los registros, la renovación del secreto (mesa donde se colocan las flautas en filas para recibir el aire por separado), y la limpieza a profundidad, estaba listo para el concierto inaugural.

            Y junto a él, las otras 3 mil 27 piezas que conforman la colección. Provenientes de tres continentes, se repartieron en 13 salas de decoración única, recargada y exquisita. En cada una la distribución de muebles, cuadros, instrumentos, esculturas, cristales y porcelanas respeta lo más posible la ubicación original y el espíritu de los coleccionistas.

Más bello; más didáctico

El nuevo proyecto museográfico permite que la información sea más accesible para los visitantes nacionales y extranjeros. Lo más novedoso es el recorrido virtual que puedes descargar en tu celular vía bluetooth y que te ayuda a entender el origen y contexto de los objetos.

            Para niños y adolescentes, la clase de historia podrá hacerse más dinámica y divertida en la sala diseñada para que ellos jueguen y aprendan. Estas vacaciones la visita es obligada para todos.

También encontramos:

•          Un mapamundi en gran formato que indica de dónde provienen las piezas claves.

•          Mamparas expositivas  y “torres de servicio” con información impresa en distintos idiomas.

•          Reproducciones de tamaño natural de Mariano Bello, su padre José Luis y su esposa, Guadalupe Grajales que se colocaron en la Sala de Música.

•          Una guía especial para los niños, con apuntes para padres y maestros.

•          La Sala Lúdica en la tercera planta.

Te dejan con el ojo cuadrado:

-El mapa de la ciudad de Puebla que data de 1754.

-Un ánfora del siglo I, hallada en Biblos, Líbano.

-Los silicios utilizados para la flagelación de la carne.

-Los bodegones de José Agustín Arrieta. ¡Puedes ver la imagen de Maximiliano y Carlota en las etiquetas de las botellas de sidra!

-Los marfiles. El tallado de las piezas era considerado ceremonial y requería tanto tiempo que  se pasaba de generación en generación ¡Es tan delicado que parece encaje! “Capullo de chabacano” no puede tener más detalles.

-Los llamados “marfiles cristianos”. Son figuras religiosas de tradición católica pero fabricadas por encargo en China. ¡Jesús, José y María tienen los ojos rasgados!

-El cristal de Baccarat en las puertas de una sala.

-El eufonicón, un tipo de piano con arma vertical de los que sólo quedan tres en el mundo. ¡Uno de ellos está en Puebla!

-“San Juan y San Marcos Evangelistas”, del pintor barroco Bernardino Gagliardi, cuya obra también se encuentra en Roma.

-“La Dama Napolitana” del pintor poblano Juan Cordero.

-“El Sacrificio de Isaac”, la única obra expuesta pintada por Mariano Bello.

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La historia colección Bello y González

* José Luis Bello y González, patriarca de la familia Bello, fue un hombre trabajador que desarrolló un enorme gusto por el arte a pesar de sólo contar con educación básica. Peleó contra la intervención de Estados Unidos y contra los franceses en la defensa de Puebla.

* Después inició una fructífera relación financiera con Francisco Cabrera –su cuñado y socio. Así logró una holgada posición económica.

* La colección inició por el encargo que hiciera a Cabrera, quien con refinado gusto adquirió obras para ambos.

*En 1870 la sociedad se disolvió y se dedicó a la inversión inmobiliaria. Así adquirió la casa de la 3 poniente y 3 sur (que actualmente alberga el museo).

* Cuando el número de piezas creció tanto que ya no pudo seguir albergándola en su casa, se vio en la necesidad de mudarse a otro lugar. Se llevó algunas piezas con él para decorarla.

*A su muerte, los bienes fueron repartidos entre sus hijos. Su hijo Mariano recibió este inmueble. Preservó los objetos que le heredó su padre y acrecentó la colección.

*A la muerte de Mariano Bello en 1938 estableció en su testamento que la colección sería donada a la Academia de Bellas Artes de Puebla. Nunca tuvo hijos, pero de esta forma garantizó su pervivencia y la de su padre.

Museo Bello

3 Poniente 302, Centro Histórico, Puebla, Pue.

Martes a domingo de 10:00 a 17:00 hrs.

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