El Barroco, según Friedeberg

pedro friedeberg obra pintor escultor

En una época en la que el arte y la arquitectura recorren caminos de influencias minimalistas, Pedro Friedeberg conserva intacta su fascinación por el ornamento, las formas rebuscadas y la actualidad del pasado.

Aquel hombre que en su juventud solía llegar vestido de cebra o leopardo a la inauguración de sus exposiciones, hoy tiene 73 años y llega luciendo un elegante traje azul para la ceremonia de apertura de su muestra en Puebla.

Ya antes había expuesto en la ciudad (“hace como nueve años en la Casa de la Cultura”, recuerda) pero en esta ocasión parece asombrarle el recibimiento. Modesto, se apresura a decir: “Viene mucha gente…pues porque hay mucha explosión de población”.

Con rostro serio, paciente y en silencio, escucha las palabras de quienes hablan sobre él y su obra. En su turno, Débora Holtz -curadora y editora de la recientemente lanzada autobiografía del artista- exclama: “Se sorprenderían al saber que hace sólo seis años, Pedro Friedeberg era un artista casi desconocido”.

Desconocido, sí, para generaciones jóvenes, pero celebrado entre las élites sociales y artísticas desde las décadas de los ’60 y ’70. “A finales de los sesenta ––relató Guadalupe Loaeza en alguna de sus columnas–– siempre me lo encontraba en todas las fiestas de los happy few. Llegaba muy serio, vestido de una manera muy estrafalaria con su esposa guapísima, Wanda Sevilla. No había semana en que ambos no salieran fotografiados en Novísimo, la columna de Nicolás Sánchez del Novedades, ya sea en un happening en casa de Diego y Regina Mathai o en uno de los tantos vernissage en donde exhibía su obra”.

Este heredero del surrealismo de André Bretón y ferviente admirador de Mathias Goeritz, es el creador de la famosa Silla-Mano reconocida como uno de los más importantes íconos del arte mexicano y de la historia del mueble del siglo XX. El diseño ––que ahora detesta y considera “lo más vulgar que he hecho”–– le dio la vuelta al mundo en 1962 y no fueron pocos los ejemplares que vendió: galerías y museos exhibían la famosa silla, los parisinos estaban locos por ella, Roman Polanski no dudó en solicitarle una, y Jeanne Moreau también quiso tenerla.

Genio y figura

Al momento de recibir el micrófono para iniciar el obligado recorrido por la galería, los comentarios de Friedeberg son más bien breves. Pero quienes le seguimos con mirada y oído atento, podemos notar que aún conserva la chispa de ironía y humor del sujeto rebelde y provocador de tiempo atrás.

pedro friedeberg pintor

Ese encanto espontáneo que hoy lo hace posar de forma juguetona frente a la cámara, levantando los brazos en señal de libertad, y jugando con la corbata para interrumpir la solemnidad del ambiente.

Aún parece quedarle algo de excéntrico y soñador, y en su obra se mantiene ese gusto por lo imaginario, onírico y absurdo. Insistente mezcla del presente y el pasado, sus cuadros, dibujos y esculturas han sido catalogados dentro de todo tipo de estilos.

En su obra se aprecia su gusto por lo "barroco, churrigueresco o como le quieran llamar". Por su contraste entre tonos vibrantes y tintas negras, puntos de fuga trazados con precisión albertiana, ornamentación perfectamente articulada tanto de lo existente como de lo imposible, lo han llamado surrealista, neobarroco, pop, op y hasta kitsch. Pero no le importa mucho: “En veinte años más -afirma contundente- mis cuadros serán considerados dentro de las expresiones más refinadas”.

Nunca es demasiado

pedro friedeberg pintor obrasPalacios majestuosos, imponentes catedrales,escalinatas interminables, laberintos sin salida. Formas geométricas, símbolos cabalísticos, mundos acuáticos, Mickey Mouse, el Gato Félix, mariposas de  colores, un número incansable de manos y hasta lo que él mismo describe como “maquetas inspiradas en los pasteles altos de antes”, se combinan en lo que es, sin duda, una muy pequeña muestra de su obra.

Aunque su camino profesional tomó otro rumbo, en cada cuadro es imposible no distinguir su formación arquitectónica.

“Nunca ejercí porque cuando estudiaba todo tenía que ser moderno -estilo Van der Rohe y Le Corbusier, con esa idea funcional de querer crear “máquinas para vivir”- y a mí eso no me gustaba para nada. Me parecía muy anodino y aburrido. Lo que me gustaba era la arquitectura llena de  movimiento, precisamente como la barroca”, explica.

Y en efecto, el juego de perspectivas y la atención meticulosa que imprime en los detalles, recrean ciudades fantásticas inspiradas en las construcciones del siglo XVII. “Yo hubiera sido un gran arquitecto. Pero luego vi la arquitectura de Ludwig II de Baviera y me di cuenta de que jamás haría algo tan maravilloso”, dijo alguna vez.

Los trazos a mano alzada ––que no dejan de causar admiración–– hipnotizan al ojo y lo engañan de repente con su dinámica ilusión. Un caleidoscopio de impresiones y sensaciones que te provoca querer mirar desde distintos ángulos.

 El pasado recobra vigencia como contrapeso del caos y vacío imperante en nuestros días. Su pasión por el adorno lo hace cuidar el más mínimo elemento y atacar sin tregua cada espacio en blanco. “Tengo terror del vacío”, dice.

Su necesidad de trabajar sin descanso en la decoración de cada forma que le viene a la cabeza, sin importar si existe o no, se entiende bien bajo esta frase:

“El ornamento, que en muchas antiguas civilizaciones milenarias cumplía una función sagrada, tristemente ha desaparecido de nuestra  cultura agnóstica, inmoral y pragmática. El minimalismo, o sea el nihilismo, es considerado un estilo. Yo, eternamente enamorado del arabesco y el ornamento egipcio, gótico, barroco, victoriano y aun precortesiano, he tratado de restablecer este amor por el adorno, y muchos de mis cuadros semejan un compendio de ornatos, llegando al punto (exagerado) de manía obsesiva, de too much is not enough”.

Entregarse a manos llenas

pedro friedeberg

Friedeberg está convencido de que el minimalismo es para los que no tienen imaginación. Y como él la tiene ––y por montones––, no ha dejado de crear un solo día.

“Trabajo en la mañana, porque ya soy muy viejo y entre más viejo es uno, más temprano se despierta. Parto de cero y todo va creciendo como un árbol, se va desarrollando.”

“Un cuadro por 52 semanas que tiene el año, multiplicado por cinco décadas, en total nos dan 2 mil 500 obras, además de las esculturas”, dijo el artista al hacer su propia suma en una entrevista.

De éstas, fueron 140 las que se expusieron en Bellas Artes (octubre 2009-enero 2010) y 85 las que se presentan ahora. “Para Bellas Artes, más de la mitad eran prestadas y de colecciones privadas. En este caso algunas son de mi colección personal y hay otras que no habíamos podido presentar.”

“Estoy saturando al mundo de una basura a veces muy bonita y a veces muy fea… La mitad de estas piezas me gustan y la mitad las tiraría a la basura.”, afirma en tono realmente serio y tajante.

Palabras más

Sus títulos son sugerentes; los tiene largos y sin mucho sentido, y también sencillos y cortos. Descripciones seudohistóricas y burlonas, que a veces no tienen nada que ver con la obra.  Juegos poéticos inspirados en Dadá, con textos en español, inglés, hebreo, sánscrito y náhuatl, que acompañan las imágenes.

Al final del recorrido inaugural Déborah Holtz señala una colorida obra que recuerda a aquellos antiguos retablos barrocos. En voz alta dice su singular y provocador nombre, “Vagina dentada”, y agrega: “Sólo él sabe por qué se llama así…No parece que haya una vagina dentada por ningún lado…”.

Friedeberg se apresura a señalar la figura central de la composición, dejando claro que nada, absolutamente nada es gratuito en él ni en ninguna de sus piezas.

Personalísimo

pedro friedeberg pintor

*Nació en Florencia, Italia, en 1936. Emigró con su madre a México en 1940 huyendo de la Segunda Guerra Mundial.

*En 1955 ingresó a la nueva Universidad Iberoamericana, donde tuvo maestros como el escultor alemán Mathias Goeritz.

*Rechazó el muralismo didáctico y los lugares comunes del imaginario nacionalista de la época posrevolucionaria. También se opuso a la sequedad y banalidad del arte y la arquitectura “internacionalista”, así como al énfasis en el desenfrenado desarrollo económico y urbano de los gobiernos de los años sesenta y setenta. Como respuesta, realizó imágenes que son cualquier cosa menos nacionalistas, cualquier cosa menos eficaz.

*Enemigo de la improvisación expresionista, todo lo que dice y hace, está fríamente calculado.

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Filias y fobias

Un hombre tajante en sus ideas

Estudiante: Me gustaba hacer planos muy locos, con muchas curvas y de los cuales jamás podrían edificarse construcciones. Me reprobaban a cada rato… Goeritz me decía que era bueno eso de tratar de cambiar las cosas cuando el resto de los estudiantes eran borregos que hacían lo que querían sus profesores… Seguro  que ellos fueron muy exitosos comercialmente.

Piranesi: Encontraba una atracción misteriosa en sus descomunales edificios y columnas, y me preguntaba qué había detrás de ellos. Me atraían también los personajillos que dibujaba, como mendigos sin harapos o personajes de la comedia del arte. Todo esto me parecía fascinante y me daba ocasión para soñar despierto, pasatiempo muy mal visto tanto en la escuela como en mi casa.

Surrealismo: Me gusta reírme, me gusta lo ridículo, lo absurdo, todo lo sin sentido.André Bretón, fundador de surrealismos, dijo que México era el país elegido de ese movimiento. Él vino aquí en 1941…yo creo que ahora no le gustaría mucho. Ha perdido un poco de magia aunque creo que siempre hay algo que conservará.

La Silla-Mano: Estoy muy aburrido de esa mano y ya no me causa gracia. Ya no es la misma sensación que era antes, pues ya tiene más de 50 años.

Minimalismo: Pues mucha gente es del club de los minimalistas, que a mí me parece deleznable porque se quieren deshacer de todo, quieren tirar todo a la basura y que ya solamente vivamos en cajones como ratones de laboratorio.

Amante del pasado: Yo pertenezco más bien al siglo XIX, donde todavía respetaba uno el objeto, respetaba la religión, la mitología, los ornamentos y los adornos y los estilos arquitectónicos del pasado. La gente ya no cree en el pasado ya no tiene memoria, sólo quiere vivir con mucho ruido y visor en el presente.

El arte hoy: Se ha vuelto muy frívolo, muy superficial. Todo mundo cree que es artista, cualquier ama de casa pinta y cualquier tonto hace arte conceptual y estas cosas que son tan fáciles de hacer. Es que vivimos en una época científica, electrónica y para nada artística.

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De cerca: su autobiografía

De vacaciones por la vida

Trilce Ediciones y Fondo de Cultura Económica, 2010

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19 Ago
+1 Nayeli
Me da mucho gusto que te haya sido de utilidad. Saludos!
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18 Ago
+1 Guest
Aprendi mucho
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18 Ago
0 Nayeli
¡Hola, Mariángel!¡Much ísimas gracias por tus comentarios! ...¡Y a mí también me encantaría una silla-mano para mi casa!
Un abrazo
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07 Jun
0 Mariángel
Hola, Nayeli!! que padre está tu página y este articulo de Friedeberg está buenisímo. Cada vez que veo la "silla mano" la quiero para mi casa jeje. Te mando muchos saluditos y hasta pronto! :)
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