Rodrigo y Gabriela

Rodrigo y Gabriela, músicos, talento mexicano

Amantes del rock, las percusiones y la guitarra, este par ha creado un estilo ecléctico que acapara miradas y oídos en todo el mundo. Descubre cómo estos dos talentosos jóvenes están traspasando fronteras gracias al poder de la música.

Los conocí luego de que una amiga me hablara de ellos. Me dijo que habían estado con David Letterman para presentar su disco y que dejaron a todos con la boca abierta.

You Tube me permitió constatarlo. En el video, Letterman les da la bienvenida a estos dos mexicanos, que sin cantar y con nada más que sus respectivas guitarras, animan a la gente al ritmo de un sonido que combina lo clásico con lo latino. Al escucharlos y ver la respuesta del público, que les apaude con muchísimo entusiasmo, yo no puedo hacer más que emocionarme.

Afortunado descubrimiento

Rodrigo mueve la cabeza y la pierna sin parar. Su cara refleja la satisfacción de estar viviendo ese momento para el que, sin saberlo, se había estado preparando tanto tiempo atrás. Su sonrisa parece decir: ¡estamos aquí, escúchennos!

Gabriela cierra los ojos; seria y totalmente absorbida. Se nota cómo siente en las venas el ritmo; usa la caja de su instrumento como percusión y sus manos se mueven a una velocidad asombrosa.        

Hay una sincronía total entre ellos. Su energía contagia a la gente, que sin timidez les aplaude siguiéndolos y al final, los ovaciona.

Me llena de orgullo saber que son mexicanos, que picaron piedra; que a pesar de los obstáculos no se dieron por vencidos, y hoy su talento es finalmente reconocido. Que son tan sólo un ejemplo más de la enorme chispa, destreza, tenacidad e ingenio que existen en este país.

A partir de ese momento les sigo la pista. Me resulta sorprendente cómo gusta su propuesta en el extranjero; cómo cada vez se presentan en más y más lugares, y confirman que el poder de la música traspasa fronteras de todo tipo.

Talento innegable; opiniones divididas

En México poca gente los conoce todavía. Entre quienes los han escuchado me he encontrado con dos posturas: Por un lado, hay los que piensan que es una pena que hayan tenido que salir de aquí para ser valorados. Por otra parte, está la opinión de que su éxito en Europa se debe sólo a que en tierra de rubios ojiazules, fueron vistos como folclóricos y étnicos. Que no fueron lo suficientemente buenos para triunfar en su país y por eso tuvieron que irse a otro lado para hacerlo.

Hay verdad en ambos puntos de vista. Pero seamos realistas: Rodrigo y Gabriela no son, ni serán, los primeros ni los últimos en tener que irse a probar suerte y armarla en otro lado. Casos como éste hay muchos, y no sólo en la música. Los hay en la ciencia y en el arte; en Brasil, China y en Estados Unidos. En las empresas y en las universidades. Los hay en todos lados.

 Tal vez muchos voltearon a verlos y escucharlos por su apariencia “exótica”. ¿Y qué? Es un hecho que la mayoría de los mexicanos tenemos rasgos indígenas. En general, somos más bien pequeños de estatura; nuestra piel es morena, el cabello negro y la boca grande.

 Sí, para los europeos, japoneses, australianos, canadienses y estadounidenses, podemos ser “exóticos”. ¿Tenemos que avergonzarnos de eso?

Rodrigo y Gabriela, talento mexicano, música¿Por qué nadie es profeta en su tierra?

 Efectivamente puede haber gente muy talentosa y estudiada, a la que le parezca que este par no es lo suficientemente bueno, que hay otros más capaces que ellos que tampoco han tenido éxito, etc. ¿Pero qué es lo que marca la diferencia?

 Es la valentía para tomar el riesgo. Son las ganas entrañables de aferrarse a algo, las decisiones que se toman, el buen tino de aprovechar las circunstancias; de rodearse de gente que confía y motiva, y no que aplasta y desanima. Es pelear todos los días con esa enfermedad que carcome -y, lo peor, que se pega- que se llama frustración.

Y tristemente, quien lo logra también se vuelve blanco de ese sentimiento tan propio de nuestra naturaleza humana: la envidia. De ahí viene el clásico dicho de que nadie es profeta en su tierra.

Pasión y perseverancia

La historia de Rodrigo Sánchez y Gabriela Quintero empezó en el D.F. Después de pertenecer a distintas bandas, se conocieron en un grupo de thrash metal llamado Tierra Ácida.

Compaginaban sus respectivos trabajos tocando en distintos bares por las noches. Desde aquella época, ambos recogían las influencias de grupos como Black Sabbath, Led Zeppellin y Pink Floyd.

Intentaron entrar al Conservatorio, pero por una u otra causa, no fueron admitidos. Tal vez no les vieron madera o su estilo simplemente no encajaba.

 Luego de un tiempo, lograron grabar un disco pero debido al escaso apoyo, éste jamás pudo ver la luz. Jóvenes, con deseos de comerse al mundo y de dejarse llevar por la corriente, anduvieron en busca de oportunidades. Nunca fue su intención convertirse en superestrellas (no es tampoco que ahora lo sean) ni vender millones de discos.

Sólo querían pensar que era posible ganarse la vida haciendo lo que amaban. Hicieron un pacto: no dedicarse a otra cosa más que a tocar la guitarra.

Se fueron juntos a Ixtapa, en donde trabajaron tocando en hoteles. El ánimo playero los llevó naturalmente a probar la bossa nova y otros géneros. Decidieron tomarse en serio el asunto de practicar y experimentar. Dedicaban horas a aprender nuevas técnicas. Autodidactas, querían desarrollarse un estilo. Pero eso les tomaría tiempo.

Lanzarse a la aventura

Rodrigo y Gabriela, música, talento mexicano

Un buen día decidieron dejar todo y cruzar el océano, con nada más que la emoción de descubrir lo que el destino les tendría preparado. Con unas pocas monedas en la bolsa y sin hablar el idioma -pero sí con muchas ganas de aprender y enfrentarse a un nuevo reto- llegaron a Dublín a probar suerte en 1999.

  Confiaban en ser recibidos por una conocida, pero repentinamente ya no podrían quedarse con ella como tenían planeado. Tuvieron que salir a buscar un hostal para luego ver qué harían.

 Esos días no debieron haber sido fáciles. Establecerse en un país con costumbres, estilos de vida y un clima diferentes; sin otra compañía más que la música, requiere valor.

Tocando en las calles, descubrieron que no hacía falta cantar para transmitir. Los acordes de su guitarra fueron ganando adeptos y comenzaron a amenizar en fiestas, principalmente haciendo covers.

Inspiración y solidaridad

Se trasladaron a Dinamarca, en donde encontraron inspiración para dos temas propios. Un hombre sin hogar que los motivó a salir a las calles y dar lo mejor de sí, quedó plasmado en “The Viking Man”

 Los altibajos, la rapidez, la energía y la locura de una montaña rusa a la que se subieron en Copenhague quedaron capturados en “Diablo rojo”, tema que terminaría siendo la mejor metáfora de lo que estaban viviendo.

Mientras se encontraban en Barcelona –en donde el dueño de un restaurante local había quedado sorprendido tras haberlos rechazado al principio por creer que eran “mariachis- recibieron la llamada de Damien Rice. El músico irlandés a quien habían conocido en sus presentaciones en las calles, estaba por grabar su primer disco y los invitaba como teloneros de sus primeros shows.

Cuestión de tiempo

Recorrieron varias ciudades mostrando de lo que eran capaces. Su estilo maduraba y tenían ya varios temas inéditos. En 2002 el sello Rubyworks les ofrece grabar el disco “Foc”, que dos años más tarde se relanzaría con el nombre “Re-foc”.

 De una extensa gira por Irlanda y Reino Unido, se grabaría “Live: Manchester and Dublin” y a partir de ahí comenzaron a abrirse puertas. No tenían letra en sus temas y tocaban una fusión difícil de definir. Una música sin edad, que lo mismo escuchaban los jóvenes amantes del rock que los adultos seguidores de estilos clásicos.

 La disquera le envió material a John Leckie, uno de los productores británicos más importantes del medio. Había trabajado con Muse, Radiohead, Simple Minds, The Stone Roses y The Verve. Y Rodrigo y Gabriela estaban preparados y ansiosos por unirse a la lista.

 Su disco homónimo fue lanzado en Irlanda en marzo de 2006. “Diablo Rojo”, “Tamacun”, “Ixtapa”, “Satori” y “The Viking Man” fueron algunos de los temas propios que presentaban, además de dos versiones de grandes clásicos: “Orion” de Metallica y “Stairway to Heaven” de Led Zepellin.

De inmediato el álbum escaló posiciones en los charts, colocándose en el puesto número uno durante semanas después de desbancar a los Arctic Monkeys

Vendrían las primeras apariciones en televisión –estuvieron con Jools Holland en uno de los programas nocturnos más populares de Londres- y las invitaciones para festivales en Alemania, Francia, Holanda, Bélgica, Japón, Estados Unidos.

De vuelta al origen

Después de lanzar “Live in Japan” en 2008, Rodrigo y Gabriela tocaron en México por primera vez en abril del año pasado.          

Humildes y maduros, demostraron que no necesitan bailarines, fuegos artificiales, una gran parafernalia o complicada mercadotecnia para ofrecer un gran concierto. Su talento basta para llenar el escenario.

A principios del 2009, regresaron a  Ixtapa a grabar los temas de su nuevo disco, 11:11, que será lanzado el próximo 8 de septiembre.

 El apoyo que están recibiendo por parte de su sello y las oficinas de representación es admirable. Al contactarlos, la información llega ágil, sin la burocracia interminable que se atraviesa para retrasar y entorpecer cualquier mínimo asunto en el caso de otros grupos.

 Da gusto ver que estos dos ahora tienen gente detrás que confía en ellos, que sabe venderlos. Se arriesgaron, se aferraron, se prepararon y hoy viven haciendo lo que más les apasiona.

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Más detalles del nuevo disco 11:11

nayeli aparicio reportajesEs un álbum a manera de tributo. Contiene once temas originales inspirados en once músicos a los que admiran. Contó con la participación de los talentosos guitarristas Strunz and Farah, y el jazzista y metalero Alex Skolnick.

            Rodrigo y Gabriela están por confirmar una fecha próxima en el Teatro Metropolitan. Mantente pendiente.

 Hanuman: Inspirada en el sonido de Carlos Santana.

 Buster Voodoo: Compuesta a partir del estilo singular de Jimi Hendrix.

 Triveni: Homenaje a Le trio Joubran, un grupo de hermanos palestinos cuyo principal instrumento es el laúd.

 Logos: Un tema tranquilo dedicado al guitarrista de jazz Al Di Meola.

Santo Domingo: Compuesto en homenaje al pianista dominicano Michel Camilo.

 Master Maqui: Paco de Lucía es un virtuoso de la guitarra flamenca y uno de sus grandes ídolos.

 Savitiri: Inspirados en la versatilidad de John McLaughlin y Zakir Hussain, y su ensamble fusión en el grupo Shakti.

 Hora Zero: Son seguidores del compositor de tango Astor Piazzola.

 Chac Mool: Muestra su admiración por el michoacano Jorge Reyes, quien murió en febrero de este año.

 Atman: Lleva dedicatoria especial a Dimebag Darrel, guitarrista de Pantera y Damageplan, quien fue asesinado en un concierto en 2004.

 11: 11: No podía faltar el tributo a la legendaria banda Pink Floyd.

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