¿Cómo frenar la violencia escolar?

bullying nayeli aparicio puebla reportajesLa cámara está grabando desde antes de que él haga su entrada en escena. Se llama Ritchard, por lo que se ve no tiene más de 14 años, lleva la mochila al hombro y por su delgada complexión, podría parecer que no mata ni una mosca…eso, si no fuera porque su actitud de bravucón lo delata desde el momento en que llega y se voltea retadoramente hacia uno de sus compañeros (de mayor estatura y complexión robusta), a quien sujeta del cuello de forma retadora para después soltarle un puñetazo directo en la cara.

     En ese momento, la víctima –de nombre Casey- simplemente permanece inmóvil. Las dos niñas que presencian la escena, no hacen más que dar un paso hacia atrás ante el primer golpe. Nadie interviene.

     Ritchard intenta soltar un segundo puñetazo, pero esta vez, Casey lo detiene en un solo movimiento. Desafiado, el agresor brincotea alrededor de su presa; le avienta el cuerpo y trata de intimidarle con el puño.

     Casey levanta el brazo en un intento por protegerse la cara. Harto de la amenaza, decide defenderse jalando al acosador del cabello, del mismo modo en que éste lo ha jalado también. Inesperadamente, los papeles se invierten, y ahora es él quien sujeta con fuerza a Ritchard, a quien en un solo movimiento levanta en el aire y azota contra el suelo, apenas a unos cuantos centímetros de una jardinera. El sonido de esta acción –que transcurre en no más de dos segundos- es tan crudo y seco, que casi parece que lo que se lanzó fue más bien un costal de papas.

     Ritchard intenta levantarse, se tambalea. Es evidente que tiene, al menos, un tobillo lesionado, pues apenas puede sostenerse en pie. Se oye claramente cómo una de las espectadoras ríe, al tiempo que se ve a otro niño acercarse a Casey para reclamarle la agresión. Una tercera chica lo detiene, y la toma se cierra con el rostro desconcertado de Ritchard.

     Este video, que retrata uno de tantos miles de casos de bullying, no ha parado de circular en internet, trayendo consigo toda clase de elogios a Casey, quien para muchos ha pasado de ser víctima del acoso escolar a héroe de la red.

     En lo personal, esta posición (la de eliogiar la reacción iracunda en respuesta al hostigamiento) me asusta y me preocupa, pues justificar una agresión por otra no es la forma de acabar con el problema de raíz. De hecho, puede desatar desenlaces aún más trágicos.

      Aunque se entiende la frustración y enojo de este joven, no puede dejar de considerarse que por su magnitud, el azotón que le propinó al otro niño pudo haberle provocado hasta la muerte…                     

     No me malentiendan. En ningún momento quiero decir que quienes son víctimas del bullying no deban defenderse; al contrario. Lo que pasa es que en este caso en particular , la víctima, al no estar acostumbrada a reaccionar de forma violenta, no era consciente de su fuerza. Al ser de mucho mayor peso y tamaño que su agresor, pudo haberle ocasionado un severo traumatismo (pudo haberle provocado la muerte, incluso) a partir del azotón que le propinó.

     Aunque es poco probable que una situación como ésta sea precisamente la del tipo más común (que el agresor busque a una víctima más alta, pesada y fuerte que él), estoy segura que eso no quiere decir que la humillación, los golpes e insultos no hayan menoscabado igualmente la autoestima de la víctima.

     En You Tube se encuentran miles de comentarios que aplauden a Casey y que lo proclaman “héroe”. Él está consciente de que aquellos que lo apoyan, son seguramente otros niños y jóvenes que día a día sufren acoso escolar.

    bullying nayeli aparicio columna La pregunta en el aire es si hay algo real que pueda hacerse para frenar la violencia en las escuelas, que se torna cada día más cruda y generalizada. No, no es que antes no la hubiera pero noto que ahora los agresores se topan con menos frenos, menos autoridad, menos normas y menos sentido de solidaridad y justicia. Parece que por estos días hay más niños dispuestos a mofarse y prolongar las bromas pesadas y los golpes, que a intervenir al menos con un “Ya, párale”, en defensa de alguien más.

     Las redes sociales juegan, por otro lado, un papel ambivalente en el tema: por un lado, los acosadores las utilizan para amenazar y humillar a sus víctimas frente a un “auditorio” más numeroso, ocasionando que los efectos de las ofensas y golpes sean todavía más devastadores. Por otro lado,  es gracias a las redes que se ha lanzado también una alerta a las familias y escuelas para que conozcan la realidad, para que se acerquen y platiquen con sus hijos y alumnos.

     Es necesario que padres y maestros enseñen a niños y jóvenes a responder de forma astuta a las agresiones, echando mano antes que nada al poder de la palabra rápida y contundente, capaz de herir y paralizar el orgullo del acosador. Que fortalezcan su autoestima y les adviertan de la acción de los bravucones; que despierten en ellos su sentido de justicia, les enseñen a censurar los ataques y denunciarlos. Y por si acaso, que recurran a la práctica de las artes marciales para despertar su autoconfianza y habilidad.

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