Pasajeros en tránsito

 

nayeli aparicio columnas viajes aeropuerto Generalmente, los aeropuertos funcionan cual fino mecanismo de relojería. Precisión y economía en cada movimiento son la clave en estos sitios de operación constante. Puertas de acceso de visitantes que llegan por trabajo o turismo a determinada ciudad o país, se convierten en pequeñas urbes en las que es posible encontrar la más variada cantidad de personas, productos y servicios. ¿Pero qué pasa cuando algo interrumpe su ritmo habitual?

         Una densa nube de ceniza volcánica ocasiona la cancelación de 1,130 vuelos en el aeropuerto de Madrid-Barajas en tan sólo un día. Para donde quiera que se mire, hay caras de frustración, angustia y temor. La gente busca, desesperada, información sobre lo que ocurrirá con su viaje y sus maletas. Todos parecen conscientes de que las demoras y abruptas cancelaciones tienen causas justificables, pero lo que genera molestia es la falta de certeza. O peor, las caras  y tonos rudos e incomprensivos.

        Las filas son interminables y las hay por todos lados. Para hacer una llamada, usar unos minutos una computadora, pasar al baño, recibir novedades, e incluso para saber dónde hay que formarse. Español, inglés, italiano, portugués, francés, alemán –e idiomas de la Europa Oriental que me resulta imposible identificar- se oyen revueltos por doquier. Entre quienes han salido de la fila, algunos esperan sentados, otros corren por los pasillos; y otros más intentan comer algo o leer.

          Para quienes siguen de pie, formados, en medio del estrés, compartiendo el espacio y las circunstancias junto a tantas otras personas, veo con asombro y curiosidad cómo pasa lo que tiene que pasar: la plática se suelta, se intercambian historias y algunas sonrisas –de repente carcajadas- se asoman.

           Un simpático madrileño divierte con su obsesión por la telenovela mexicana “En nombre del amor” (de la que me pregunta insistente, sin que pueda darle referencia). Una joven madre peruana, radicada en Turín, platica de su largo viaje a su pueblo natal en busca de su hija, a quien después de cinco años finalmente puede traer a vivir con ella. Un hombre canadiense cuenta de su amor por México y de haber hecho su sueño realidad al vivir un año en Cuernavaca. Un caraqueño, dedicado a la comercialización de productos de esgrima, explica las medidas de Chávez en beneficio de los jubilados no asegurados…

           Un mar de opiniones, emociones, planes y vidas que se vuelcan hacia uno, refrescan y transforman lo que parecía un día perdido, en unas horas de agradable compañía.

 

Esta columna se publicó el 14 de mayo de 2010 en el suplemento semanal de Status Diario.

Escribir un comentario



Complete la tarea por favorJoomla CAPTCHA

Sígueme en  Facebook

Sígueme en Twitter


 

Contáctame

¡Me dio mucho gusto que visitaras mi página!

Puedes contactarme por medio de la página de contacto o sí prefieres, contáctame al teléfono: 2222373302